martes, 21 de febrero de 2012

UN PERFECTO DIALOGO

¡No es lo mismo, dialogar, que orar y menos rezar!

Y la diferencia esta en la respuesta a cada una de estas acciones que el hombre emplea para comunicarse con Dios. 
 
Son muchas las oportunidades en que encontramos a personas dándose golpes de pecho, gritando, llorando y creyendo que Dios está en alerta general por la actitud que su hijo está utilizando, solo para llamar la atención como un nene mal criado, a lo cual un buen padre aparte de no prestar atención, si puede generar una reprensión, ya que el padre que ama a su hijo lo disciplina con el ánimo de que poco a poco entienda que no depende del drama la respuesta a una petición. 
 
Un dialogo con entendimiento sin muchas palabra y actitud correcta de atención nos permite entender lo que queremos, lo que Dios quiere de nosotros y así recibir lo deseado, ya que después de una grata conversaciónón, manifestando amor y agradecimiento más que dejando ver exigencias, entramos por la voluntad perfecta de Dios y cuando logramos entrar a la dimensión del dialogo divino, también entramos a un mejor entendimiento, ya que ascendemos a una altura spiritual diferente al populacho del grito, el lloro desmedido o la repeticiónón de lo mismo dicho de diferentes maneras. 
 
Aprender a dialogar con Dios es una experiencia muy personal de forma y estilo, que solo aprendemos a medida que nos retiramos del común de la gente, para entrar en lo intimo de nuestro Padre Celestial, en una acción de ruego sin caprichos, pero muy seguros, convencidos de que ocupamos un lugar muy especial en el Corazón divino, que estamos desarrollando altura y sujeción a los propósitos de nuestro Creador. La comprensión en la intimidad de las parejas es lo que deja como resultado largura de años, entendimiento a las miradas, comprensión de los gestos y atención a los gustos y deseos, sin tantos preliminares, así mismo es cuando nos le metemos a Dios en su Corazón, ya que hemos avanzado a niveles superiores dentro de lo spiritual y entonces no tenemos que especular en ¿Como me escucha?, sino que lindo que me atiende, que lindo que me responde y que sorprendente que siempre estoy satisfecho con lo que me sucede ya que mis tiempos a solas con Él son sorprendentes, claros y sinceros, y entonces no lloro para que me atienda, sino que lloro de ver cómo es que soy tan bien atendido y mi Corazón se dispara de satisfacción y gozo.

Carlos Ernesto Díaz

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